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  • Cristina Díaz San Emeterio

Cómo el desarrollo personal ayuda a reconstruir tu vida y te encamina en tu propósito de vida

Si echamos una mirada atrás en el tiempo, seguramente podamos identificar heridas en nuestra infancia, traumas del pasado, lemas familiares de los que hoy discernimos sentirnos prisioneros y un sinfín de errores cometidos de los que no nos sentimos orgullosos. En la mochila también llevamos vivencias positivas, pero normalmente estas son ligeras y no suponen un gran peso.


Todas esas experiencias vividas las cargamos en la mochila y las llevamos con nosotros día tras día. Sin embargo, lo que duele es lo que mas pesa y son los asuntos pendientes de resolver, los que nos limitan a la hora de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.


Cuando realizamos un proceso de transformación interior a nivel personal o profesional se realiza desde lo más profundo de nosotros mismos. Para ilustrar cómo hacemos esta transformación, te invito a reflexionar sobre cómo crece el jardín de tu vida.


“Imagínate que eres un jardinero y el único responsable de cuidar del jardín y sus plantas. Las plantas simbolizarían las cosas que quieres en tu vida: la familia, la pareja, el cuidado de los hijos/as, la vida social, el trabajo, la formación, el ocio, la espiritualidad, el cuidado físico... Si visualizas el jardín de tu vida puedes empezar a plantearte varias preguntas como: ¿cuáles son las plantas de mi jardín? Como jardinero, ¿cómo están mis plantas? ¿Cuáles son verdaderamente importantes para mi jardín y cómo están siendo cuidadas? ¿Tienen flores, huelen bien? ¿Están todas las plantas igual de frondosas? ¿Cuáles están más mustias y requieren de un mayor cuidado? También es posible que no tenga el número adecuado de plantas para mi jardín. Si mi problema es que tengo demasiadas plantas, no me será posible dedicarles el tiempo que necesitan. Y si por el contrario, dispongo de pocas plantas y aún así algunas se marchitan, el jardín estaría muy pobre. Entre las plantas del jardín también encontramos algunas semillas que nosotros mismos hemos plantado. Estas son nuestros objetivos. Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué he elegido estas semillas y no otras? ¿Deseaba tener un jardín como el del vecino, me lo ha sugerido alguna persona de mi entorno, o realmente yo mismo deseaba que brotara esta planta? ¿Qué razones me ha llevado a plantar las semillas de mi jardín? Por razones de la naturaleza, una vez plantamos las semillas, el crecimiento de las plantas requieren de tiempo para llegar a convertirse en plantas frondosas. Muchos jardineros se impacientas, comprueban constantemente si sus plantas comienzan a brotar y sino es así, siembran más semillas hasta que ninguna planta termina creciendo porque no han sido cuidadas con paciencia. ¿Soy yo un jardinero paciente? Por otra parte, hay jardineros que cuando plantan una semilla imaginan los detalles que tendrá la planta antes de verla crecer: la forma, el tamaño, el color de las flores o la cantidad de hojas... y la realidad de su jardín no coincide con su previsión. En este momento, el jardinero comienza a rumiar sobre su labor y puede creer que no ha escogido adecuadamente la semilla. Por el contrario, otro jardinero tomaría la actitud de observar sus plantar y apreciaría esas pequeñas sorpresas de la naturaleza. ¿Me desespera lo que no encaja con mis expectativas? En los jardines también crecen malas hierbas. Estas representan los miedos, las inseguridades, las dudas, los complejos... Hay jardineros que dedican su tiempo a arrancar malas hierbas, mientras descuidan el resto de las plantas de su jardín. No obstante, en todos los jardines crecen malas hierbas y a veces estas favorecen el crecimiento de otras plantas porque hacen espacio o surcos por las que otras crecen. Cada planta requiere de un cuidado sistemático y apropiado pero el jardinero no puede controlar su crecimiento. En cambio, lo que el jardinero sí puede hacer es seguir cuidando su plantas según lo que vayan ofreciendo en casa momento."


Fuente: Pinterest @catorze.cat


Esta metáfora nos ayuda a situarnos cuando realizamos un proceso de desarrollo personal. Pasamos años sembrando, plantando y regando, pero en muchas ocasiones no obtenemos los resultados que esperamos. Esto nos hace sentirnos tristes, con dudas y experimentamos miedos que nos alientan a abandonar nuestros deseos o propósito de vida.


"El objetivo principal en la terapia es ayudar a las personas a fomentar la flexibilidad psicológica y conductual para poder elegir acciones efectivas en los momentos en que se active un esquema limitante" - Lev A. y McKay M.

Cuando esto suceda, te invito a no luchar contra esos sentimientos o pensamientos porque no van a cambiar la naturaleza con la que crece nuestro jardín. Te animo a abrir los ojos y a apreciar los resultados, aunque te vengan dudas sobre tu labor como jardinero. Llegará un punto en el que los logros aflorarán y entonces podrás ser consciente de lo que ha sucedido durante estos años, observarás cómo has estado creciendo, desde la raíz y desde el inconsciente.


El desarrollo personal es un proceso que dura toda la vida. Por eso, debemos cambiar el foco de atención de poner como objetivo por ejemplo, tener un jardín con unas gardenias como las del vecino. Lo que se propone con el trabajo del crecimiento individual es un esfuerzo consciente que implica aprender, crecer y mejorarse a sí mismo, a la vez que se desarrolla la autoconciencia, el conocimiento de otros y se desarrollan habilidades personales para ser coherente con los valores de uno mismo. De esta forma, el desarrollo personal (también aplicado a la vida profesional) se centra en dónde estás ahora y dónde quieres estar para poder crear la vida que deseas, determinar quién eres y quién quieres ser.


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